Confesiones de un fonografísta (III)

gunEn mi última visita a Madrid aproveché para continuar realizando grabaciones de postes eléctricos de gran tamaño, que tal vez sea otra de mis filias. Estas grabaciones, en concreto, las hago con hidrófonos usados como micrófonos de contacto para recoger principalmente las vibraciones de la estructura producidas por el viento. Se pueden escuchar también el paso de los aviones o de tráfico cercano y el sonido de la electricidad. Este sonido resulta muy característico y me agrada mucho porque puedes descubrir muchos detalles dentro de una masa de ruido constante. Para realizar estas grabaciones normalmente me acerco a un poste eléctrico que he localizado previamente y que creo que puede resultar interesante a nivel sonoro aunque siempre al colocar los micrófonos hay sorpresas.

Aquella noche en la que nos acercamos un amigo y yo a la Sierra de Madrid para realizar una grabación. Encontramos un poste y un lugar que podría ser interesante y allí nos fuimos. Para acceder nos acercamos en coche por un camino agrario y de acceso a algunas fincas que normalmente se usan para el ganado. Colocamos el equipo en la estructura y nos separamos lo suficiente como para dejar que la actividad de los grillos volviera a su normalidad. Estuvimos poco más de una hora grabando y en silencio. Cuando paramos el grabador, recogimos el equipo e hicimos el camino de vuelta en coche por el mismo camino.

Esta vez nos encontramos con un coche que estaba parado y con las luces apagadas en un lado del camino, pensamos que estarían intercambiando cromos y seguimos adelante lentamente. En un momento, otro coche nos cortó el paso colocando su vehículo en la mitad del camino y con las luces largas apuntando hacia nosotros. Paramos el coche inmediatamente.

Aparecieron dos hombres de este coche y se acercaron despacio hacia nosotros. Uno de ellos se acercó directamente poniendo su mano derecha en su cinturón y sacando un arma. Su compañero hizo el mismo gesto y se acercó muy despacio hacia la ventanilla del conductor. Ambos agentes, con sus pistolas entre las manos y apuntándonos a nosotros se acercaron paso a paso. Nosotros nos quedamos en silencio y levantamos las manos para que quedaran a la vista. En aquel momento, el que se dirigía directamente hacia nosotros quitó el seguro de su arma produciendo un sonido muy característico que recordaré.

Estábamos quietos y en silencio, esperando a que aquella situación en la que estábamos siendo apuntados por dos agentes armados y con sus armas completamente preparadas para disparar, se terminará lo antes posible. Uno de ellos llego a la ventanilla y nos ordenó que nos bajáramos del coche muy lentamente y así lo hicimos. Les mostré el equipo de grabación con los micrófonos aéreos, que no había usado pero que resultan muy vistosos. Poco a poco la situación se fue diluyendo hasta que se guardaron sus armas y nos pidieron la documentación. Después de que comprobaron que no éramos los ladrones de fincas que buscaban retomamos la marcha también en silencio.

Tal vez no debería publicar esta historia, pero he preferido compartirla antes de que se diluya en mi memoria…

05. November 2013 by
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