Para no perderse, enajenarse, en el desierto hay que encerrar dentro de sí el desierto. Hay que adentrar, interiorizar el desierto del alma, en la mente, en los sentidos mismos, aguzando el oído en detrimento de la vista para evitar los espejismos y escuchar las voces.

María Zambrano (Los bienaventurados)
El desierto: El lugar del Exilio.

06. agosto 2015 por MikelRNieto
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