El silencio en soledad II

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Hace algunos meses que publiqué este post con el mismo título, donde publiqué algunas grabaciones y fotografías que realizamos durante una visita a una de las cinco zonas más deshabitadas de España, Soria. En esta ocasión, las grabaciones se distinguieron por el silencio que imperó durante el pequeño periplo que realicé con Manuel Calurano.

La grabación que sigue fue realizada en una de las situaciones más silenciosas en las que he estado a campo abierto y sin nieve. Como en pocas ocasiones se puede poner al máximo el nivel de entrada y la ganancia en el grabador, aproveché esta situación para hacerlo, así que lo se escucha es principalmente el sonido del grabador y de los propios micrófonos. Esta grabación está editada para aumentar al máximo los micro-sonidos que se podían escuchar en la lejanía.

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Como muestra esta segunda fotografía, el paso del tiempo se abre paso por todos los huecos que encuentra. Las personas que vivían en esta zona ya no están aquí, exceptuando excepciones. Las casas sin sus tejados están desprotegidas, abiertas a los visitantes y al tiempo. Caen como fichas de dominó, lentamente, volviendo a su estado natural: piedra sobre piedra.

Las chimeneas se han silenciado y los sonidos que en esas cocinas se podían escuchar han desaparecido. Ahora las ranas se preguntarán dónde están todas esas personas que se acercaban cada día al río para recoger agua y labrar las tierras. Estos sonidos nunca más serán escuchados con la misma atención. Son paisajes sin orejas nativas.

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Ahora los nuevos pobladores son invasores vegetales que todo lo desmenuzan o, en algunos casos, invasores bovinos como es el caso de este pueblo, cercano al valle de Vea, donde todos sus habitantes tienen dos cuernos y un rabo. No son diablos, sino vacas que pasean con sus cencerros llenando de sonidos las calles del pueblo abandonado.

En la siguiente grabación se escuchan estos cencerros alejarse lentamente, casualmente, dejando paso otros pequeños animales y sonidos no adiestrados. Sonidos salvajes frente a los sonidos adiestrados que desaparecen naturalmente.

Las fotografías son de Manuel Calurano a quien agradezco su compañía, su calma y su capacidad para compartir silencios absolutos.

23. abril 2014 by MikelRNieto
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Comments (2)

  1. Es bonito el ultra-silencio.

  2. Gracias Blanca! La grabación me resulta menos incómoda que la sensación de estar en un silencio absoluto, donde la nada suena…

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