Bajar el volumen

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Quiero hacer balance de la experiencia en el festival ¡Volumen! y compartirla en este blog con el objetivo nombrar algunas reflexiones que han surgido durante el evento. Primero, describiré un poco el contexto en el que se han inscrito las obras del colectivo EVOL, Pablo Sanz, Rubén Patiño y un servidor (Mikel R. Nieto). Todos nosotros hemos participado en la parte expositiva del festival llamada “itinerario“. Cada artista realizó una propuesta con una pieza sonora de 7 minutos de duración en distintas localizaciones de La Casa Encendida. La duración total y aproximada del recorrido era de poco más de una hora. Los números son: 3 días, 6 pases diarios, 18 pases en total y cerca de 150 personas.

En mi caso, el formato consistió en realizar un micro-concierto en la parte final de recorrido, en una sala pequeña y acogedora que está en la terraza de La Casa Encendida, llamada el Torreón-1. Desde esta sala se podía escuchar el tráfico rodado de la calle contigua, lo cual resultó interesante en muchos momentos. Cada micro-concierto duró 7 minutos, aunque en muchos de ellos la duración fue superior.

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Los micro-conciertos fueron improvisaciones a partir de una serie de grabaciones realizadas en puntos muy específicos como son las estructuras metálicas que soportan los cables de electricidad, es decir, las torres eléctricas. El proceso de grabación consistió en recoger las vibraciones de estas estructuras con los hidrófonos usados como micrófonos de contacto. La sensibilidad de estos aparatos permite recoger todos los sonidos que rodean a las torres de forma filtrada. En cierta forma, la propuesta era recrear la escucha del paisaje sonoro por parte de una torre eléctrica con un equipo de sonido que permitió hacer vibrar la sala.

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El formato expositivo me ha posibilitado probar diferentes composiciones en 18 ocasiones, lo cual es positivo. El perfil de los asistentes fue muy variado y heterogéneo, lo cual también fue positivo ya que después de cada micro-concierto se produjo un debate también variado. Una de las sorpresas es que entre los micro-conciertos y los debates posteriores muchas veces no hubo aplausos, simplemente había una transición que me recordó a la que puede surgir al terminar una sesión de yoga en la que los asistentes comparten sus experiencias y lo que han sentido a lo largo del viaje.

En esos diálogos surgían preguntas más o menos habituales, como son el origen de las grabaciones o las fuentes sonoras que usaba para realizar las composiciones / improvisaciones, excepto si el público estaba formado por niños, los cuales no se preguntan por las fuentes sino que simplemente se dejan llevar por su imaginación. En el último concierto hubo un comentario que me gustó especialmente y fue este: “La experiencia me ha gustado mucho porque gracias a los cambios bruscos de sonido el espacio de la sala parecía que se dilatase por momentos”.

El balance, pues, resulta más positivo de lo que me imaginé a priori. Haber hecho 18 conciertos en 3 días me ha permitido experimentar, arriesgarme y descubrir las opiniones directas del público en diálogos abiertos y distendidos. También he disfrutado mucho de la ausencia de aplausos y todo gracias a las personas que me han acompañado diariamente. Ahora sí, podemos bajar el volumen

16. January 2014 by MikelRNieto
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